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Sobre el Perdón Presidencial

*Las Mentiras Duelen, Pero las Omisiones a la Verdad Lastiman

*En Los Pinos ¿hay Ceguera de Taller o Soberbia de Poder?

*No es Cuestión de Imagen, son Cuestiones más Profundas

*EL SNA: un Estado de Derecho, no un Estado por Derecho

POR LUIS MIGUEL MARTÍNEZ ANZURES

¿Hasta dónde en un contexto de consolidación del régimen democrático el perdón obtiene un valor especial que lo exime de cualquier responsabilidad posterior a sus actos?

Es una de las interrogantes que muchos mexicanos se hacen al escuchar las declaraciones del presidente de la república Enrique Peña Nieto.

Y es que en el México de la actualidad las mentiras duelen, pero las omisiones a la verdad lastiman y laceran más, como las acontecidas con el caso de la casa blanca.

 

No es posible que en una democracia cuyo objetivo es la consolidación de las instituciones de impartición y procuración de justicia, haya casos como el de la casa blanca y que después de la simulación y el desprestigio, del escarnio público, sean desechados de manera tajante como hasta ahora. El nombramiento de Virgilo Andrade en la Secretaria de la Función Pública así lo demuestra.

El México de nuestros días reclama acciones contundentes ante el incremento de la violencia exponencial que sufren diversos estados del país y su explicable progresión. ¿En este sentido cabe señalar y cuestionar el papel de la oposición política de este país y las acciones legislativas y jurídicas que han presentado sobre los hechos antes referidos en aras de solucionar la agobiante corrupción que asfixia a la nación? La respuesta desde mi parecer es afirmativa.

Y es que, en este mismo sentido, al parecer Enrique Ochoa Reza nuevo dirigente nacional del PRI, tiene muy claro que su primera batalla es contra la corrupción, pero solo la de los gobernadores. O séase, en contra de aquellos que defenestraron al partido oficial. Aquellos gobernadores que no supieron llevar sus acciones de acuerdo a la institucionalidad de los principios históricos del Partido Revolucionario Institucional.

Por otro lado caber señalar: El Presidente está enojado. En su diagnóstico la derrota del PRI del mes pasado está directamente vinculada con la corrupción de los gobernadores de su partido. Y tiene razón: tuvieron gran parte de la responsabilidad de las derrotas en Quinta Roo, Veracruz, Chihuahua, Tamaulipas, Durango etcétera, pero eso es solo una parte de la ecuación. La otra es el mismo gobierno del titular del ejecutivo federal: ningún Presidente había estado tan mal evaluado en su gestión al entrar al cuarto año de gobierno.

Ante tal contexto, las cifras y la opinión pública no pueden mentir. Estamos ante un presidente que no es capaz de dar soluciones contundentes a un mal que carcome los cimientos institucionales del país.

Por lo anteriormente citado parece ser que la apuesta del Presidente Peña y del dirigente de su partido, Enrique Ochoa, parece llevará a la hoguera a dos o tres gobernadores para salvar la imagen del Gobierno federal y del partido. Deben rodar cabezas y junto con ellos tratar de limpiar la imagen del tricolor. Y es que, sí de cualquier forma, a los Duarte, Javier, en Veracruz y César, en Chihuahua, el PAN los va a perseguir para meterlos a prisión, el presidente y el PRI podrían adelantarse o al menos no dejarle todo el mérito a la oposición. Como se vislumbra podría ser.

Subirse al tren del linchamiento puede llevar al PRI a congratularse con una sociedad más hambrienta de venganza que de justicia. Sin embargo, el costo interno podría ser demasiado alto. Esto porque el PRI es disciplinado y los priístas obedientes, es cierto, pero hay límites. En más de un ocasión han demostrado de lo que son capaces de hacer para derrotar a un candidato de su partido que no les gusta o cobrarse una mala pasada: desde huelgas de brazos caídos en el día de la elección, hasta aliarse con los partidos de oposición. La respuesta ante esta problemática la tiene el tiempo y el mismo partido.

Por lo anterior, cabe mencionar el diagnóstico que los colaboradores cercanos de Los Pinos le han vendido al presidente es que el problema de su gobierno es solo de imagen; que los resultados son buenos o muy buenos con respecto a otros sexenios y que lo que tiene que hacer es “comunicar bien” y dar señales positivas. Como si todo se remediara con una nueva campaña de comunicación política e imagen institucional. Vaya dislate. Nada más vacuo y carente de contenido social y autocrítica política. Ceguera de taller o soberbia de poder, al Presidente y sus asesores se les olvida que si hay un problema de imagen, éste está perfectamente ubicado: la impunidad.

La solución que el Sistema Nacional Anti-corrupción nos presenta, no es la persecución política, es la correcta aplicación de las leyes; un estado de derecho, no un estado por derecho.

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