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Las Revueltas de Silvestre

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praga

Por las Calles de una Europa Veraniega

*Bamberg, en una Plateada Escena Nocturna Bucólica

*Praga y el Jazz a la Orilla del río que Atraviesa la Ciudad

*Madrid, en el Pleno Esplendor del Parque de El Retiro

POR SILVESTRE VILLEGAS REVUELTAS

En la entrega de la semana pasada me refería yo al magnífico sistema de taxis en Alemania, lo mismo que al ecológico, bien planeado y moderno sistema de tranvías que los mismo estaban en la ciudad de Dresden que en Nuremberg; ambos sistemas de transporte colectivo y público por su eficiencia deberían ser un ejemplo a ser imitado por las autoridades mexicanas encargadas de planear el transporte en las urbes mexicanas y con ello hacer más llevadera la vida cotidiana al sufrido ciudadano que tiene que vérselas con peseras, metros y taxis en estado lamentable. Pero ahora me referiré al añorado verano por aquellas tierras de la franconia, del otrora principado de Sajonia con sus genuinos sajones que no anglosajones (whatever that means) y de los rumbos de Brandemburgo, amén del país de los checos y su raigambre eslava para finalizar en la península ibérica.

Los habitantes europeos al norte de los Alpes comienzan a sufrir las características del frío otoñal a partir de fines de octubre y cuando la primavera tiene que llegar en marzo, los peores meses (abril-junio) se sienten cuando los temporales provenientes del Atlántico o de la estepa siberiana bajan los termómetros a un dígito y producen interminables lluvias francamente frías. Pero finalmente logran afianzarse las características veraniegas. En la ciudad de Bamberg, patrimonio de la humanidad, los restaurantes y cafés aumentan sus mesas y meseros afuera de los locales en banquetas y parquecillos; la clientela disfruta de los rayos solares, del viento suave y de un anochecer tibio que termina por oscurecerse después de las 22.30 horas. Si se tiene la fortuna de estar en una noche despejada con luna llena podrá uno comprender perfectamente los colores plateados de una escena nocturna bucólica que fueran utilizados por los pintores románticos del siglo XIX. El verano en Dresden y demás poblaciones grandes o chicas alemanes es la oportunidad de disfrutar de un sinfín de cervezas locales, salchichas, col, panecillos y pepinillos en los muy germanos bier garten. Las primeras pueden ser rubias u oscuras, de cebada y de trigo, de un cuarto, medio o un litro, acompañadas por aquellos embutidos que igualmente son de una variedad no solo por el tipo de carne que utilizan sino por las especias que se le agregan. Las conversaciones pueden ser ruidosas o morigeradas, observan con cierta sospecha a los turistas, sobre todo cuando no logran distinguir la lengua y el lugar de donde provienen.

Por lo que se refiere a la ciudad de Praga, además del casco urbano, me llamó poderosamente la atención la belleza de sus mujeres, lo desenvuelto de su carácter y el ambiente musical que se siente en sus calles, plazas, iglesias y salas de concierto. Lo mismo había artistas que estaban programados para cantar obras operísticas, una pieza clásica barroca dentro de una iglesia, que composiciones de jazz a la orilla del río que atraviesa la ciudad o en los bares especializados en dicha forma musical. En otro sentido, uno de los mejores aspectos de la ciudad es caminar con cuidado por sus calles e ir analizando el estilo arquitectónico de sus edificios; muchas fachadas corresponden al estilo del Art Nuveau y posteriormente al conocido Art Déco. Parecido a lo que sucede en Viena o Buenos Aires, existen diversos cafés-restaurantes que conservan íntegramente sus estilos decorativos de los años de 1920 y 1930; funcionan perfectamente y no se siente que está uno en el interior de un anodino gimnasio con múltiples ruidosas televisiones.

Finalmente, el nunca y bien ponderado Madrid español. Debe recordarse que al sur de los Pirineos las temperaturas pueden subir más allá de los 35 grados y en este ocasión no acercamos a los 40; mucha agua y poca ropa, magníficas exposiciones como aquella dedicada a El Bosco en el museo del Prado y en pleno esplendor el parque de El Retiro con sus respectivos jardines dedicados a las rosas y demás flores en un estado de magnificencia. Ir a España es la posibilidad de comer con delicadeza; en esta ocasión lo más notable fue un restaurante de comida murciana especializado en arroces: negros, amarillos, verdes, con carnes, pescados, mariscos y vegetales. Se acompañaron aquellos con vinos blancos secos y para terminar un licorcillo de vodka, miel y especias secretas…una delicia por su suavidad.

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