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Del ABC Político

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* Alejandra Barrales y Enrique Ochoa ya Presentaron su 3de3

*¿Andrés Manuel López Obrador lo Hará en Algún Lejano día?

*El “Empujoncito” del Ejecutivo Para Recuperar la Credibilidad

*Los Líos ¿Políticos? del ex City Manager Contra Meyer Klip

POR GERARDO LAVALLE

A.- Aprobada la Ley de Responsabilidades Administrativas de los Servidores Públicos, la coloquialmente llamada 3de3 –como parte del paquete del Sistema Nacional Anticorrupción- y aún antes de entrar en vigor –por horas, no crea que por mucho- los dirigentes de dos de los tres partidos políticos llamados grandes, presentaron sus declaraciones patrimonial, fiscal y de conflicto de intereses.

Se trató de Alejandra Barrales Magdaleno y Enrique Ochoa Reza.

Sin ocultar nada –supongo- dieron la sorpresa al mostrar que, pobres, lo que se llama pobres, no lo son.

Y sin entrar en detalles de lo que poseen, habrá que aplaudirles por mostrarnos que la política y los negocios ajenos a ella, permiten vivir bien y muy bien.

El tema correlacionado es preguntarle a Ricardo Anaya Cortés, el impoluto dirigente que no líder del PAN, cuándo nos dará a conocer su declaración 3de3.

Porque fue de los impulsores y críticos del presidente Peña Nieto por no haber realizado observaciones al artículo 29 de la Ley 3de3, que protegió a los servidores públicos de dar publicidad a sus declaraciones patrimoniales y fiscales.

De suyo y desde antes, todo servidor público debía presentar su declaración patrimonial sin que estuviera obligado a hacerla pública.

Era una decisión personal darle la máxima publicidad o simplemente dejarla en manos de los contralores para que, a su vez, definieran y cotejaran año con año el incremento o disminución de los bienes patrimoniales del servidor.

Ricardo Anaya, al igual que los otros presidentes de institutos políticos con registro nacional, no había presentado su declaración tripartitita. El queretano después de escribir esta información lo haría público y resultó que gana anualmente un millón 133 mil.

Quien sigueen las mismas es Andrés Manuel López Obrador, quien como se publicara en El Sol de México, tiene ingresos no comprobables para mantener su ritmo de vida y de los suyos.

¿Qué esperar de quienes exigen pero no cumplen?

A Barrales y Ochoa hay que reconocerles que intentan, cuando menos, dejar claro que llegan a los nuevos cargos, dirigentes nacionales del PRD y del PRI, con suficientes recursos personales.

Nadie podrá decir que la señora Barrales se compró un departamento en Acapulco o una casa con valor de 13 millones, con las prerrogativas que le entregará el Instituto Nacional Electoral a su partido.

Del señor Ochoa tampoco se dirá que utilizó los dineros públicos para adquirir una flotilla de 50 taxis o adquirir un departamento en Los Cabos.

Ellos exponen lo que tienen y no niegan contar con bienes muebles, inmuebles y cuentas de cheques que les dan liquidez.

El señor Anaya, por el contrario, ocultó –por lo menos hasta el momento de escribir esta entrega- lo que tiene.

Solamente se sabe y eso porque personalmente lo he visto salir en más de cinco ocasiones, que renta o es propietario de un departamento ubicado en Reforma, cerca del Caballito. No escribo el número por razones de su seguridad.

La Suburban que utiliza supongo que no es de su propiedad. La tenía cuando presidía la Cámara de Diputados y ahora seguramente usa una del PAN.

Más allá de ser cuentachiles –como decían las abuelas-, si tanto le importa la transparencia, que haga pública su declaración.

Dicen que el buen juez por su casa empieza. ¿Entenderá eso don Ricardo?

Como colofón para el queretano: ¿qué le hizo negarse a asistir a la promulgación del Sistema Nacional Anticorrupción si su partido fue el gran impulsor?

Quizá, solamente quizá, que uno de sus exgobernadores forma parte de la corrupción y que de ella se volvió inmensamente rico. La semana pasada la Fiscalía de Sonora le “aseguró” 19 inmuebles. ¿Eso fue?... ¿O le caló que Margarita Arellanes esté en la mira de la justicia de Nuevo León?

Ahí la dejamos.

B.- Ha pasado una semana desde que Enrique Peña Nieto, Presidente, pidió perdón a los mexicanos por haber cometido un error llamado Casa Blanca.

Una admisión insólita.

Y desde la difusión de su discurso, los voraces adversarios no se sintieron satisfechos.

Tal vez tengan razón. Habría que hacer otras cosas, no solamente disculparse.

¿Qué?, preguntaría usted y con justa razón.

Tengo la dosis adecuada para que recupere la confianza perdida: actuar, ya, en contra de todos aquellos políticos y no, que se enriquecieron de las arcas de los dineros públicos.

No importa el partido que sea. Tampoco si fue mucho o poco lo que se llevaron, desviaron y en última instancia secuestraron.

¿Se imagina usted el reconocimiento que tendría el gobierno de Peña Nieto si personajes como Javier Duarte, Roberto Borge y Guillermo Padrés fueran sometidos a proceso y, en su caso, sentenciados por un juez?

Lo que hace falta, Presidente, es el “empujoncito” que orille a la Procuraduría General de la República a agilizar las carpetas de investigación. Con eso basta.

Y no se trata, ni con mucho, de satisfacer apetitos de los que vencieron en la jornada electoral.

La ley es la ley y debe aplicarse. Que sea el Ministerio Público de la Federación o en su caso el del fuero común, el que investigue y consigne ante un Juez al imputado. Si las pruebas son sólidas, el impartidor de justicia sabrá qué hacer. Por el contrario, si solamente se trata de acusaciones sin fundamento, el personaje de que se tratare saldrá limpio y vivirá feliz por el resto de sus días.

Un “empujoncito”, Presidente y se reparará en gran medida el daño originado por un error.

C.- Líos judiciales que tienen tinte político, son sin duda los emprendidos por el ex city manager de la Miguel Hidalgo, en contra de Meyer Klip, director del INVEA; el otro, por los mismos rumbos y encarado por el exjefe delegacional, Víctor Hugo Romo y la sucesora, Xóchitl Gálvez, la que balconeó la fiesta del cumpleaños 70 de Diego Fernández de Cevallos.

A ciencia cierta nadie sabe en qué pararán las denuncias, contradenuncias y demandas y contrademandas.

Lo que es evidente: los reflectores les gustan a todos y suponen que cada quién tiene la razón.

Es, como dirían en las filas del perredismo, “los cochineros de la política”.

Pronto sabremos si las acusaciones que se formulan los cuatro tienen sustento o si se trata simplemente de acciones mediáticas ante la incapacidad de ejercer correctamente las funciones que tienen y tuvieron encomendadas.

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