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Lascas Económicas

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El Salvoconducto de las Calificadoras y los Yerros de México

*No hay Aprendizaje de los Crasos Errores del Pasado

*En Pemex Todavía no se han Podido Tapar los Agujeros

*Aumenta Déficit Público; Encienden Luces Ámbar y Rojas

POR LUIS EMIGDIO CONTRERAS

En este asunto del amago de las calificadoras internacionales para bajar las expectativas de los títulos de deuda del gobierno y empresas mexicanas, hay dos vertientes que tenemos que platicar con usted amig@ y con sentido de urgencia en estas líneas pues ya se sabe que desde mediados de los ochenta del siglo anterior vendimos poco caro nuestro amor a estas empresas y no nos ha ido nada bien desde entonces.

Revisemos: en tiempos de Miguel de la Madrid, antes del terremoto del 85 y precisamente por los primeros balbuceos de nuestra apertura comercial, pues ya pertenecíamos al GATT –antecedente de la OMC-, ya buscábamos una liberación mercantil gradual de nuestro país, “pero mesurada y viendo las condiciones de nuestra planta productiva”, como nos vendió entonces Héctor Hernández, otrora secretario de Comercio y  Fomento Industrial, desde entonces empezaron a moverse las primeras calificadoras en México.

Las recurrentes crisis que padecimos todas esas generaciones hasta finales de siglo, así como la suerte de prueba y error que se tenía en los hacedores de las finanzas públicas –con más yerros que aciertos-, demostró por un lado que se necesitaba una suerte de ente que monitoreara en forma permanente lo que hacían o dejaban de hacer estos personajes, no siempre tocados por la mano de Dios y siempre proclives a realizar negocios personales, las más de las veces oscuros e ilegales.

Y del lado privado ni se diga. Los voraces empresarios del dinero de entonces (los de ahora no niegan las cruz de su parroquia) se encargaban lo mismo de mover el tipo de cambio a su libre albedrío, aunque proclamaran lo contrario, y se hacían multimillonarios en muy poco tiempo con las severas lagunas legales que se padecían y que más o menos fueron corregidas, previa intervención,  ni más ni menos, que del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, que entraron a salvar el entuerto, virtualmente imponiendo las llamadas alertas tempranas y exigiendo a los bancos niveles de capitalización verdaderamente acorde con los estándares internacionales.

En ese proceso, las firmas calificadoras empezaron a formar parte del lenguaje financiero de finales de siglo e inicios de éste, al grado de que después ya era imprescindible contar con su respectivo salvoconducto para cualquier empresa que quisiera figurar en las estampitas de los negocios en México y los profesionales calificadores fueron señalados como semidioses dispuestos a subir o bajar el dedo final para que las compañías fueran sometidas al hambre de los leones, o llevadas al paraíso con todo y querubines en el periplo.

No era inusual que aquellos personajes que recibían periódicamente los reportes de Fitch, S&P, Moody’s, además de papeles similares que emitían los mismos bancos e instituciones financieras especializadas, bueno, eran consultados más que los brujos de Catemaco para desfacer entuertos de toda índole, previo cobro de servicios y en dólares, but of course.

Fueron pasando los años y todos nos acostumbramos a ver estos inolvidables personajes, mientras que el Banco de México y la propia Secretaría de Hacienda, en tanto que cabezas de sector, se encargaban de dar directrices periódicas a la Comisión Nacional Bancaria y de valores, para que ninguna de las empresas privadas financieras se saliera del huacal.

Pero el problema, como a todos nos consta, fue que las entidades públicas con todo y su nueva presentación en sociedad (nos referimos a Pemex y CFE, en concreto) hicieron evidentes muchas fallas que traían en el fuero interno y, qué creen, eso ya no les gustó a los administradores de las otrora paraestatales y hoy empresas del Estado, que tuvieron que hacer públicas esas falencias en su balances y repercutirlas, créanlo o no, en las finanzas públicas.

Craso error de comunicación. A los calificadores semidioses si bien no los agarraron por sorpresa, si les molestó que no hubiera una suerte de aterrizaje suave (smooth land, que se le conoce en el mundillo respectivo) del informe de las calamitosas circunstancias en que estaban las empresas energéticas gubernamentales, en el marco de un mercado global totalmente desplomado y con expectativas negativas. La puerca torció el rabo.

Como ya sabemos, aunque el titular de Petróleos Mexicanos, José Antonio González Anaya, se dice hacedor de milagros, no le funcionó del todo su estrategia y no pudo taparle todos los hoyos a su predecesor Emilio Lozoya; y en este asunto, ni hablar del comportamiento de Luis Videgaray que sigue cobrando como secretario de Hacienda, que ha aumentado el déficit público orillando a mayores problemas y las luces de ámbar a rojas ya se han generalizado.

Eso, pues, explica que nos amaguen en las empresas calificadoras internacionales que si no modificamos de inmediato el camino hacendario y restringimos más a las empresas energéticas, a los bancos y a la misma hacienda, deje usted que nos bajen la calificación, que sería un problema caro en sí mismo, sino que se sobrevendrá un crack financiero muy similar al “efecto tequila” que algunos de los que leen esto lo recuerdan y no precisamente con dulce sabor en los labios, ocurrido entre 1995 y 1998, por lo menos.

Pero, ¿hay alguien a quien le importe esto en el gobierno peñista? Pareciera que no, que están muy ocupados sus integrantes en salvar el pellejo, o irse lo más rápido posible con el rabo entre las patas, a sabiendas que no movieron a México. Lo amolaron.

Por lo pronto, estas Lascas Económicas andan buscando respuestas al crucigrama nacional de las calificadoras. Siete vertical: bronca entre piedras sin salida con seis letras. Crisis. 14 horizontal: dependencia irresponsable de cuatro letras. SHCP. Ya le esperamos en este mismo espacio, la semana entrante, junto con otras piedras en el camino.  Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla .

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