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Del ABC Político

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*Hubo Tiempos en los que el Gabinete Salvaguardaba al Presidente

*Hoy, Cada Secretario de Estado Únicamente Trabaja Para su Santo

*Necesario, Colocar en la Balanza Política Este Tipo de Actuaciones

*Ante el Engaño al Ciudadano, Peña Nieto Hubo de dar el Manotazo

POR GERARDO LAVALLE

A.- Años atrás, iniciar el quinto año de gobierno representaba el amarre de las acciones realizadas en el pasado y el empuje para quien sería el candidato sucesor.

La democracia y la alternancia cambiaron los tiempos.

Sin embargo, aún en la docena trágica, los presidentes llegaban acompañados de sus respectivos gabinetes, cuyos integrantes “sacrificaban todo” por salvaguardar lo que en los cuatro años anteriores se hizo.

Se vendían las cosas buenas.

Se remarcaba, machonamente, lo que logró antes y lo que esperaba encontrar quién llegara.

Vaya: el Gobierno giraba en torno a la figura presidencial.

Nadie permitía que el “primer priista” o en su caso “el primer panista” se desgastara en la toma de decisiones difíciles, aunque la orden surgiera de Los Pinos o del Palacio Nacional.

Siempre había quien daba la cara y al que podría costarle el despido.

En años pasados se hablaba de “El Solitario de Palacio” cuando faltaban unos días para bajar la cortina, entregar la Banda Presidencial y retirarse a la vida privada.

Hubo expresidentes que fueron llamados a colaborar con el sucesor. Ahí está Lázaro Cárdenas que tuvo más de un trabajo y más de un jefe. Pasaron sexenios antes de que otro expresidente fuera incorporado a la nómina oficial –las pensiones no se consideran salario sino reconocimiento al trabajo desarrollado- y fue, justamente Miguel de la Madrid Hurtado el que se convirtió en el director del Fondo de Cultura Económica.

De ahí hacia adelante, nadie tuvo empleo.

Carlos Salinas de Gortari fue defenestrado. Ernesto Zedillo Ponce de León prefirió cobrar en dólares. Vicente Fox Quesada inició su propio negocio con el Centro Fox y de Felipe Calderón Hinojosa no se le conoce mayor actividad que dar conferencias, participar en su ONG y de vez en vez apoyar a los candidatos de su todavía partido, el PAN.

Con todo y las críticas –que nunca faltan al término de una gestión gubernamental-, cada Presidente llegó al final de su mandato acompañado de sus cercanos colaboradores, aunque no hubieran sido los elegidos.

Hasta Adolfo Ruiz Cortines, que se jactaba de pragmático y le decía a sus compadres: tú apúntate como candidato y cuando éste era derrotado, le compartía: perdimos, compadre, ni modo.

Aun así, sus cercanos lo acompañaron al salir de Palacio Nacional, luego de haber entregado la Banda Presidencial.

Después, probablemente porque no hay certeza en la afirmación, se fueron reduciendo los tiempos y Luis Echeverría, José López Portillo y Miguel de la Madrid, cerraron sus mandatos en la soledad.

En el primero de los casos, por el enfrentamiento con el poderoso sector empresarial al que todavía el último día de su gobierno, el 30 de noviembre de 1976, les aplicó otro decreto expropiatorio.

En el segundo, la “nacionalización de la banca”, anunciada el uno de septiembre de 1982, le costó al Presidente una soledad absoluta. Por su frivolidad, entre otras cosas, además del orgullo de su nepotismo, pero hubo señalamientos severos en el manejo de la economía a lo largo de tres partes de su gobierno.

Al tercero le tocó enfrentar la “gran crisis” económica del país y sus programas de “choque” poco beneficiaron a los que pretendía ayudar. La soledad política estuvo presente desde el momento en el que se inclinó por Salinas, el precandidato menos esperado en la clase política.

La soledad llegó, aunque después la compañía también regresó.

B.- Históricamente el Presidente de la República era intocable.

En la década de los cincuentas alguien inventó que periodísticamente no se tocaba a cuatro personajes, en este orden: el Presidente de la República, los secretarios de Gobernación y Hacienda, el Ejército y la Virgen de Guadalupe.

El resto del gabinete presidencial, los gobernadores y demás, eran blanco de las críticas. Trabajaban como escudos para proteger a los mencionados.

En el caso de las Vírgenes y los santos, a veces todas podían ser mencionados y hasta decir que no hacían milagros. No pasaba nada.

Sin embargo, con el transcurrir de los años, la libertad de expresión –hablo de la que se utiliza en los medios de comunicación- se volvió una realidad. Y si bien a la Guadalupana se le toca solamente con los pétalos de las rosas que en su ayate cargaba Juan Diego, a los políticos les “llegó su hora”.

El poder omnímodo del Presidente de la República decayó hasta prácticamente desaparecer. Antes designaba desde a los Ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación hasta el último de los secretarios de los juzgados. Decidía quien lo sucedería y apuntaba con el dedo flamígero al que sería gobernador; mandaba en el Congreso de la Unión y no había legislador de su partido (que hacían mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y en el Senado de la República), que osara oponerse a la decisión del residente de Los Pinos. Aquel que no entendió el momento, fue sancionado: perdió el gobierno, perdió la curul, perdió el escaño.

Y aquellos secretarios de Estado que trabajaban para su santo construyendo sus precandidaturas, hablando con gobernadores para que se hicieran las “vaquitas” y los grupos políticos, se convirtieron en embajadores si les iba bien.

Aquellos días del Presidente, en los que no se movía la hoja del árbol sin la voluntad del señor, acabaron.

Para bien de la Nación.

Como parte de la existente, aunque algunos digan lo contrario, democracia.

Hoy el Presidente es uno más de los ciudadanos de a pie. Habrá quienes lo nieguen, pero después de observar cómo se les ha tratado a los últimos tres, no queda duda.

C.- Revisar cómo se ha tratado a Enrique Peña Nieto en estos casi cuatro años, le faltan 24 horas para cumplirlos, demostraría todo lo antes escrito.

Más allá de las críticas externas, tendría que colocarse en la balanza de la política, el actuar de su gabinete.

De los hombres y mujeres que tienen el “poder de la firma”.

Cada cual, con honrosas excepciones, trabajan para su santo. Se prenden veladoras así mismos y orillan a sus colaboradores a orar por ellos.

Bastaría tratar de examinar lo ocurrido en el inicio del ciclo escolar 2016-2017. Meses de negociaciones en Bucareli con la disidencia magisterial. Declaraciones triunfalistas de “estamos a horas de los acuerdos”. Meses de engañar a la sociedad.

Hasta que…

Hasta que el propio Peña Nieto se vio obligado a dar el manotazo y decir: no habrá diálogo –con la dirigencia de la CNTE- hasta que no regresen a las aulas.

¿Dónde quedó la negociación política encargada al secretario de Gobernación?

¿Y la educativa, responsabilidad del secretario de Educación?

Es, ahora, a 28 meses de terminar su mandato, la soledad presidencial que vive el residente de Los Pinos.

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