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Reportaje

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En las Idílicas Vendimias en San Miguel de Allende

POR SUSANA VEGA LÓPEZ, (Enviada)

SAN MIGUEL DE ALLENDE, Gto.- El escenario no pudo ser mejor. El panorama ideal, idílico, en un destino nombrado Patrimonio de la Humanidad por parte de la UNESCO: San Miguel de Allende, Guanajuato, que lució un clima extraordinario -pese a las densas y amenazantes nubes que ya iban en retirada- durante las fiestas de las vendimias en las fincas San Lucas y San José La Vista, que por sus condiciones climáticas fueron ideales para establecer viñedos y fábricas para la producción de vinos en esa entidad.

Apenas unas semanas atrás, en la víspera de las vendimias, la lluvia castigó severamente varias ciudades del estado. Días previos a tan esperado evento llovió ininterrumpidamente, pero ese sábado, el sol se mostró brillante,  candente en un cielo espléndido que permitió a los más de dos mil asistentes a estas vendimias, el disfrute del buen comer y del buen beber. A lo lejos, en el cielo, las nubes se agolpaban en extraordinarias formas, la masa grisácea prefirió no se descargó y permitió la realización de una gran fiesta, la fiesta de las uvas.

La paella, el plato principal, con quesos, las ensaladas, las tapas, los pinchos, las salchichas, la torta española, las empanadas de carne, la chistorra, las pastas y los exquisitos postres; todo preparado por reconocidos chefs para esta ocasión especial.

El ambiente festivo, en ambos casos, estuvo en su máximo nivel. No mermó desde que  iniciaron los eventos. La milenaria tradición del pisado de las uvas se efectuó sin contratiempos para el disfrute de todos: niños y adultos se agolpaban para participar en este ritual. Atrás quedó, en la historia, el hecho de que sólo las doncellas eran las únicas que podían efectuar el pisado porque, decían, el estrujado de las uvas con los pies de las mujeres sacaba un caldo puro, especial, que permite que el vino sea de calidad.

En San Lucas, la música de Jazz amenizó la comida campestre; en el jardín se instaló una gran carpa con más de 100 mesas y peculiares asientos: pacas de paja que dieron un toque singular al lugar.

La mayoría de la gente llegó con pantalones vaqueros y camisa blanca. Copa en mano llena de espumoso y dulce vino servido apenas al arribar, (¡para animar, pues!) comenzaron el festejo de manera alegre y deshinibida.

Allí, el gobernador del estado, Miguel Márquez Márquez, y el secretario de Turismo de la entidad, Fernando Olivera Rocha, que fueron recibidos por el director del eno-Proyecto San Lucas, Erick Gallardo, llegaron a la cita para cortar el listón que daba por inaugurada la vendimia. Su lucha, ahora enfocada a que Guanajuato sea reconocido, también, como un destino turístico enológico, con vinos elegantes y de altura, dicen que permitirá impulsar la economía del estado.

EL ARROZ, DE PRODUCTO DEL POBRE, A BASE DE LA PAELLA

Cuando el arroz llega a Europa era llamado “el producto de los pobres” ya que, según la historia, la gente pobre se juntaba para preparar sus alimentos de tal forma que al arroz se le ponía lo que estaba disponible; si había pescadores, la paella se hacía de pura pesca; si había cazadores, se elaboraba con lo que habían cazado, por lo que no existe una paella típica o tradicional como tal.

Así lo recordaron, en plática con Misión Política,  Joan y Joel Casas, chefs catalanes (padre e hijo) quienes prepararon las paellas negra y mixta (amarilla) que se sirvieron en San Lucas, y dijeron que hay tantas paellas como aficionados a cocinarla existen. “Son muchas las formas en que las personas cocinan la paella. No podemos señalar cuál es la mejor. La clásica de Valencia trae conejo y caracol, pero todas llevan su toque de distinción”.

No obstante los chefs -que llevan 130 mil paellas hechas en México y han ganado 5 campeonatos en la materia-, reconocieron que la auténtica paella lleva todas las carnes, ¡hasta venado! La de arroz negro tiene como base el calamar y su tinta, mariscos y caldo de cinco pescados cocinado a fuego lento entre 12 y 14 horas. La mixta contiene pollo, cerdo, salchicha, mariscos, camarón, calamar, caldo de pescado y azafrán (que le da el color amarillo) entre otros ingredientes. El chiste, señalaron, es que la materia prima sea natural.

En San José La Vista, las interpretaciones del flamenco con sus cantaores y bailaores profesionales, motivaron al público a zapatear y dieron realce al ambiente. Aquí, el código de vestimenta fue impecable, pues los asistentes, hombres, mujeres, niños y adultos, lo atendieron escrupulosamente. Así, llegaron ataviados con blancas prendas de pies a cabeza; algunos combinados con colores cafés, beiges y oscuros. Sombreros, lentes para el sol, tiaras y mascadas, daban el toque de elegancia. Fue un espectáculo adicional envuelto en una atmósfera exclusiva.

Con una maravillosa capilla en sus instalaciones, a la que se llega luego de atravesar un río por un puente de piedra, San José La Vista lució un espectacular atardecer de postal. Desde ese lugar se aprecia San Miguel de Allende, ciudad orgullo de los mexicanos.

Los viñedos San Lucas y San José La Vista –localizados a 15 y 30 minutos, respectivamente, de San Miguel de Allende-, participaron por primera vez en el Festival de la Vendimia de Guanajuato y demostraron que tienen las condiciones necesarias para figurar como importantes productores de vino, no sólo del estado, sino de la región y del país. El Valle de la Independencia donde se encuentran asentados, es un sitio inmejorable para el cultivo de la uva de calidad, como los mejores del mundo.

Escucha todos los miércoles Platiquemos de Turismo de 12 a 14 horas en www.viveradio.net y podcast en www.platiquemosdeturismo.com

 

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