Las Revueltas de Silvestre

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El “Suspirantismo” de Mancera

*La Constituyente: un Borrador Demasiado Garantista

*Mejor Hubiera Sido Simplificar Leyes y Códigos Existentes

*El Reglamento de Tránsito y su Función Recaudatoria

POR SILVESTRE VILLEGAS REVUELTAS

Días atrás estaba cómodamente sentado en una sala de cine cuando de pronto uno de los anuncios que reproducen las compañías de reproducción cinematográfica mostraba a una señora que a deshoras (no se sabe si era medianoche o en la madrugada) barría los pisos al interior de un edificio colonial; de pronto se abre una puerta y aparece saliendo de su oficina el Jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, oyéndose una voz que palabras más indicaba que el funcionario se esforzaba muchísimo para resolver los problemas del Distrito Federal, perdón, de la siempre (s.XVI) Muy Leal y Noble Ciudad de México. ¡¡¡Cómo me enojé!!! Y lo primero que pensé fue que a semejantes anuncios costosísimos iban a parar los millones de pesos producto de las fotomultas y del negociazo que son las grúas que por miles arrastran autos a los corralones propiedad del gobierno capitalino. Luego y días después observé que semejantes anuncios de promoción personal de Miguel Ángel Mancera también estaban en los antiestéticos espectaculares que contaminan visualmente las avenidas y vías rápidas de la Ciudad de México; finalmente porque veo poca televisión abierta, el mentado promocional de Mancera también se estaba reproduciendo en la pantalla chica, invadiendo la esfera particular y la privacidad que en el seno hogareño tenemos derecho los mexicanos.

Suspirar por alcanzar la presidencia de la república es sin duda uno de los problemas que se convierte en una obsesión entre un grupo reducido de políticos que se creen con las capacidades personales para alcanzar semejante puesto de RESPONSABILIDAD NACIONAL.  Los asesores de Mancera y él mismo en “aquellas largas horas de trabajo nocturno y solitario en su oficina” recuerda una y otra vez que fue elegido Jefe del DF por una amplísima mayoría, pero se le olvida o no quiere creer que en cuatro años ha sido el gobernante que más ha molestado, dificultado la vida diaria de los habitantes de esta ciudad capital. Al principio de su gestión y en comparación con su antecesor “el carnal Marcelo”, se mantuvo quieto, arregló los desmanes de Ebrard pero de pronto se le desarrolló el espíritu faraónico que en su definición histórica es el gobernante que lo mismo promueve obras colosales e innecesarias, que se cree gran legislador y siempre está en su horizonte el perpetuarse en el poder, de una forma u otra. Si el jefe Mancera hubiera tenido en mente hacer el bien común, dedicarse al mejoramiento de la vida del ciudadano y llevar una dorada medianía, habría dedicado la mayoría del presupuesto de la Ciudad de México en componer, reparar y hacer más eficiente el sistema de transporte Metro, amén de modernizar el pulpo de “las peseras” que son ambas, el medio que utiliza la mayoría de la gente en este Valle de México. Pero no es negocio, no sabemos las condiciones del contrato con la empresa Alston para la reparación de los convoyes y tampoco estamos al tanto de las presiones del gremio de los transportistas.

En lugar de promover la constituyente de la Ciudad de México que ha hecho un borrador constitucional demasiado garantista y dirigido a las minorías, lo correcto hubiera sido simplificar las leyes y códigos ya existentes en el otrora DF y con ello resolver millones de trámites que afectan la vida cotidiana del sufrido ciudadano. Y si hubiera tenido una visión honesta de servidor social, se hubiera dado cuenta que el reglamento de tránsito es irreal y sobre todo diseñado, no para hacer más seguro el tránsito en la ciudad sino tiene en su aplicación diaria una función recaudatoria que consiste en producir el mayor número de multas para aumentar los ingresos del gobierno capitalino. A pesar de que tales funcionarios como el señor Mancera desprecian al pueblo y lo consideran ignorante, en el futuro próximo el soberano no le dará más votos a pesar de que ponga anuncios rimbombantes en cada esquina de la ciudad y en todos los canales de televisión y salas cinematográficas. Lo que está haciendo Mancera en su promoción personal recuerda la retahíla de promocionales del Partido Verde que enojaban a tirios y troyanos; de los anuncios espectaculares de diputados, senadores y demás fauna política que abarrotaron las calles de la república mexicana; peor, recuerda la estrategia promocional del entonces candidato Enrique Peña Nieto como el sumun del gran estratega. Hoy la pregunta que muchos votantes seguramente se han hecho es que los anuncios eran un bluff que no se correspondía con la realidad.