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A la Vuelta de la Esquina

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Poco qué Celebrar el Día Internacional Para la Eliminación Total de las Armas Nucleares

*Corea del Norte, con sus Ensayos, Amenaza al Mundo

*Lanzó la Quinta Bomba y ya Está Preparando la Sexta

*Los Presidentes que Posibilitaron el Tratado de Tlatelolco

POR IVAN RUIZ

Es uno de los objetivos más antiguos. Desde 1946 proviene la lucha el anhelo por desterrar del orbe los armamentos nucleares. En ello México ha participado desde hace décadas y un Premio Nobel nuestro, don Alfonso García Robles luchó con denuedo para que se hiciera realidad la eliminación de las armas nucleares en América Latina y en el mundo. Se han registrado avances, pero aún no se logra el anhelo.

El próximo lunes se celebra en el mundo el Día Internacional para la Eliminación Total de las Armas Nucleares y hay poco qué celebrar tras la insistencia de Corea del Norte.

Si viviera José Alfonso Eufemio Nicolás de Jesús García Robles, nacido en Zamora, Michoacán, el 20 de marzo de 1911 y quien recibió el Nobel de la Paz en 1982, mismo que compartió con la diplomática y escritora sueca Alva Myrdal, seguiría luchando contra esa amenaza.

En la Cámara de Diputados un día dejaron claro lo que significó para México este hombre, cuando colocaron su nombre en letras de oro.

Ningún mexicano contemporáneo ha aportado más por la causa de la Paz que Don Alfonso García Robles. Su visionario activismo para promover el “Tratado para la Proscripción de las Armas Nucleares en la América Latina”, mejor conocido como el Tratado de Tlatelolco, y su compromiso permanente a favor de la desnuclearización del orbe, de la reducción de todo tipo de armas, y su permanente antibelicismo cobra vigencia indudable en estos difíciles momentos de la vida del mundo.

Estimamos que, si en todo momento sería pertinente elevar a letras de oro en el Recinto Parlamentario la figura de García Robles, en el contexto actual, y dadas las expresiones inequívocas que todas las fuerzas políticas, la abrumante mayoría de la sociedad mexicana, los Poderes del Gobierno de la República, han tenido a favor de la Paz, y en rechazo de la Guerra en Iraq, la exaltación de la personalidad de nuestro Premio Nobel de la Paz, ratificaría que la vocación pacifista de México tiene un hilo de continuidad en nuestra historia y recoge amplios consensos del país.

“El Tratado de Tlatelolco se aprueba en sesión plenaria de la Asamblea General de las Naciones Unidas del 27 de noviembre de 1963 sin un voto en contra. Se abre a firma en la ciudad de México el 14 de febrero de 1967 y se aprueba por el Senado de la República el 20 de septiembre del mismo año, publicándose en el Diario Oficial de la Federación el 16 de diciembre del propio año de 1967. El pensamiento claro, la voz firme de México fue escuchada a través de García Robles, su representante permanente ante el Comité para el Desarme de las Naciones Unidas, quien señaló la trascendencia de tan histórico acto con estas palabras:

“El Tratado de Tlatelolco es el primero que logra concertarse con el objeto de asegurar a perpetuidad la ausencia total de armas nucleares, ya no en regiones cubiertas por nieves perpetuas, ni en remotos cuerpos celestes de los que nos separan millones de kilómetros, sino en territorios densamente poblados por el hombre y que alcanzan casi la amplitud de un continente en el planeta en que vivimos. Constituye el primer ejemplo de proscripción incondicional. Es en verdad, un ejemplo que América Latina ofrece al mundo de su vocación pacifista y de su repudio inequívoco a toda posible carrera de armamentos nucleares”.

ESFUERZOS PERSEVERANTES

El propio Premio Nobel de la Paz precisó alguna vez:

El punto de partida de los perseverantes esfuerzos que hicieron posible la desnuclearización militar de la América Latina fue la Declaración Conjunta hecha pública el 29 de abril de 1963 por cinco Presidentes latinoamericanos, a iniciativa del entonces Presidente de México, Adolfo López Mateos, quien dirigió, el 21 de marzo de dicho año, sendas cartas a los Presidentes de Bolivia (Víctor Paz Estenssoro), Brasil (Joao Goulart), Chile (Jorge Alessandri) y Ecuador (Carlos Julio Arosemena), invitándolos a hacer conjuntamente “una Declaración por la que anunciáramos nuestra disposición para firmar un acuerdo multilateral con los demás países de América Latina, en el cual se establezca el compromiso de no fabricar, recibir, almacenar ni ensayar armas nucleares o artefactos de lanzamiento nuclear. Dicha Declaración destacaría el anhelo de que a ella pudieran eventualmente adherir el resto dejos naciones latinoamericanas, a los fines de que llegara a constituir para nuestros pueblos, una especie de carta libertadora de toda amenaza nuclear”.

Y así fue.

Hoy el mundo se conmueve ante los constantes ensayos nucleares de Corea del Norte. Ya son cinco y prepara el sexto. México sigue condenándolos. También la ONU.

El Secretario Ban ki-moon apenas ocurrido el más reciente hace dos semanas dijo:

“Nos preocupan profundamente los actos continuos de provocación. Esta ha sido la más poderosa prueba de todas las que ha realizado. Espero que el Consejo se mantenga unido y envíe una advertencia enérgica a Corea del Norte”.

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