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Los Dados de Dios

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La Violencia Política Asoma y Amedrenta en 2018

*Veremos la Respuesta en Participación Ciudadana

*Las Afectaciones al Proceso Electoral en Marcha

*Cuando no hay ni Partido ni Candidato Aborrecido

Por Nidia Marín

No somos el único país con violencia en el mundo y mucho menos en América Latina. Esta es una epidemia, pero no por ello nos vamos a cruzar de brazos, sobre todo con un proceso electoral en puerta que se antoja cargado de mañas propiciatorias de mayores atropellos e irritación.

Resulta pues que desde 2017 y desde luego en el 2018 aunado a nuestros acendrados castigos en el siglo XXI (la delincuencia organizada, el narcotráfico y la delincuencia común), se ha hecho presente la delincuencia política en cada proceso electoral, con los asesinatos de funcionarios, ex funcionarios o personajes conocidos en diversas entidades de la República y las confrontaciones entre frentes electorales contendientes en la Ciudad de México.

Y claro, la responsabilidad por los hechos es una bola que rueda de uno a otro rival (se desconoce con certeza quién fue, aunque hay denuncias interpuestas contra Martí Batres y compañía), por lo cual seguramente se reducirá la participación de los ciudadanos no militantes que rechazan recibir un sillazo, una pedrada o un insulto. Mal hacen los artífices de estrategias tan antiguas y contraproducentes. En algún momento se descubrirá quiénes fueron los autores intelectuales. Mal hacen, porque bien se sabe que la participación de los ciudadanos es considerada sustancial al moderar y controlar el poder de los políticos, y porque la sociedad se hace escuchar en la toma de decisiones. Pero, así como está ocurriendo en México sencillamente no se puede avanzar.

Como escribió en 2015, en Foreign Affairs Latinoamérica, Vidal Romero - doctor en Ciencia Política por la Stanford University y jefe del Departamento de Ciencia Política del ITAM-:

La violencia sobre candidatos y electores afecta directamente el proceso electoral ya que puede obstaculizar y, en el extremo, impedir que se realicen las votaciones en ciertas zonas de México, pese a que los días de votación han sido “respetados” por la delincuencia organizada desde que inició la llamada guerra contra el crimen organizado en 2007. Además, el contexto de violencia genera también múltiples externalidades negativas que distorsionan la transformación de preferencias ciudadanas en asientos de gobierno y, en consecuencia, en políticas públicas”.

También son ilustrativos otros trabajos en la materia. Como el de Sandra Ley, en Letras Libres, que escribió en 2013:

“En circunstancias como estas, los esfuerzos de movilización partidista necesariamente son menores y la competencia electoral también. Ante esta situación, las opciones de los votantes se reducen y su motivación para participar en elecciones también. Estudios recientes han mostrado el impacto negativo que la violencia criminal --en particular la que se dirige en contra de candidatos y autoridades públicas-- tiene sobre la participación electoral. En San Bernardo, el 54% de los votantes acudió a las casillas. Esto, en comparación con el 72% de nivel de participación en el municipio de San Juan de Guadalupe, Durango, donde los tres partidos pudieron registrar candidatos y en donde en los últimos 7 años no se han registrado amenazas o agresiones de grupos criminales en contra de partidos o autoridades en tiempos electorales”.

Hasta ahora la violencia no se ha detenido, a veces disfrazada, en ocasiones perpetrada por quienes aprovechan los momentos para deshacerse de algún enemigo. Y mientras la vorágine continúa, vale recordar lo que han estudiado insistentemente en el país: el abstencionismo y el voto de castigo.

Ambos no tienen ni partido ni candidato aborrecido (así sean aspirantes independientes) sobre todo cuando se llega a conocer que alguno propició la violencia política o fue el autor intelectual de algún estropicio y en el máximo de la brutalidad, de algún asesinato.

Queda claro que el potencial elector está en observación de los hechos (y también de los dichos) de quienes aspiran a un puesto de elección popular en este terrible año que se inicia.

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