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Transformación y Transformismo

*De la Forma es Fondo al Gatopardismo

*La Enfermedad Infantil del Izquierdismo

*De la Simulación y el Cinismo del Gobierno

*Asistencialismo: Chantaje de la Sociedad

Por Manuel Quijano Torres

La categoría transformar significa cambiar de forma o imagen sin que necesariamente se distorsionen o desvirtúen las cualidades esenciales del ser. En política y Administración pública la transformación tiene, al menos, dos acepciones, la positiva que parte de la premisa de que la forma es fondo y por lo mismo el cambio es institucional, planeado, terso, orientado a resultados, controlado y sujeto a transparencia, rendición de cuentas y evaluaciones. La negativa se refiere a cambiar sin planeación, de manera brusca, sin medir las consecuencias, con opacidades, sin argumentación acerca de la toma de decisiones y es poco institucional. A ese tipo de transformación también se le conoce como gatopardismo, es decir cambiar para no cambiar.

Las transformaciones positivas en política son necesarias y consubstanciales a la vida social de un régimen de gobierno. De hecho, requieren tener objetivos claros y metas precisas, medibles y construidas con apego a una relación de lo que hoy denominamos políticas públicas, lo cual significa con base en la construcción de consensos entre el gobierno y la sociedad. De ahí que transformar es un acto de voluntad política y apoyo social. Es más, una transformación positiva se singulariza por contener el germen de la evolución sin necesidad de cambios abruptos semejantes a los de una revolución. Consecuentemente, dicha transformación se distingue del transformismo, parafraseando la obra de Lenin “La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo”. Ya que lo que se debe evitar del transformismo es la simulación y el cinismo de que el gobierno hace como que trabaja y la sociedad chantajea con políticas asistenciales ajenas a la productividad.

La transformación anhelada son los cambios que la sociedad mexicana demanda con el propósito de lograr calidad de vida digna mediante la satisfacción de los requerimientos mínimos de alimentación, salud, educación, trabajo y vivienda. Entonces la transformación por la cual la sociedad mexicana votó en julio del año pasado significa certidumbre en el futuro y que las familias gocen de seguridad social, tengan acceso a la recreación, disfruten plenamente del ejercicio de sus derechos y gocen de las libertades consagradas en la Constitución. También implica que la sociedad esté gustosa de pagar precios y tarifas justos y cumplir con sus deberes, pues tendrá certeza acerca del uso y destino del pago de sus impuestos. La transformación positiva se distingue porque la clase gobernante se apega a derecho y la sociedad asimila la cultura de la legalidad.

El ofrecimiento de la cuarta transformación se institucionalizó en tres fechas: 1 de julio día de la elección, 1 de agosto cuando el Congreso de la Unión asumió sus responsabilidades y el 1 de diciembre cuando el titular del Poder Ejecutivo Federal asumió el poder. Lo que significa que la transformación ya inició y ahora dialécticamente debe continuar a fin de satisfacer las demandas y necesidades de los distintos grupos sociales que componemos a la sociedad, pues ya nos referimos a un gobierno legal y formal. Los ofrecimientos de la campaña ya no pueden ser vistos ni analizados bajo el criterio de la lucha política. Ahora los compromisos de la campaña requieren formalizarse en programas ejecutables de manera eficiente, eficaz, congruente y honesta.

El fondo de la forma es fundamental a partir de ahora. Las raíces de las decisiones van mucho más allá de la voluntad política, están estrechamente sujetas a los presupuestos, a la viabilidad técnica, al desarrollo sustentable, a las capacidades y habilidades de los servidores públicos y al apego irrestricto a la legalidad. De ahí que el fondo de la forma es lo que transforma e incluso transfigura. Trabajar en la forma es atender con pulcritud lo que se desea cambiar desde el fondo. Con la singularidad de que el fondo no es sinónimo de sótano o un espacio inaccesible, profundo, subterráneo y oscuro. Por el contrario, en este caso, el fondo es el ánimo ético translucido que la sociedad observa de su gobierno, porque el fondo es visible a la sociedad.

El transformismo es desaseado, opaco y también impacta en la forma, pues es poco ético y anímicamente antiestético. El transformismo es lo que millones de mexicanos rechazaron el día de las elecciones. Lo que demandan es la transformación que otorgue justicia social y la cimentación desde el fondo, con el propósito de en México se generen mejores oportunidades a favor de las generaciones futuras.

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