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Obsesión que Inició con los Regentes y ha Permanecido en el Actual Siglo XXI

*La Mayoría no Concluyó su Mandato

*Cuauhtémoc, Robles y López Obrador

*Sólo Marcelo Ebrard Terminó el Periodo

*Todos Recibieron Andanadas Políticas

Por Jesús Michel Narváez

¿Qué tienen en común todos los exjefes de Gobierno de la Ciudad de México?

Todos han querido ser presidentes de la República y fueron señalados de malos manejos financieros y hasta el primer desafuero del siglo XXI se concretó.

De los electos ninguno se ha salvado. Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano dejó inconcluso el acuaférico, impidió la construcción del Segundo Anillo Periférico, frenó el entubamiento del Río de los Remedios y permitió que iniciaran grandes construcciones en Reforma: la Torre Mayor.

Su obsesión de ser Presidente lo orilló a dejar la Jefatura de Gobierno en manos de Rosario Robles Berlanga, quien después de hacer campaña por Andrés Manuel López Obrador y vender el Distrito Federal como una “ciudad en movimiento” recibió una andanada de acusaciones y fue obligada por las presuntas asignaciones directas a Carlos Ahumada por cientos de millones de pesos.

Robles aprovechó su condición política y se hizo de la presidencia del PRD. Construyó una imagen que la convirtió en una de las posibilidades para ser candidata a la Presidencia en 2006. Sin embargo, el triunfo de López Obrador por apenas 33 mil votos de diferencia con Santiago Creel Miranda –quien se valió del fenómeno Fox- y el descubrimiento de desfalcos en el partido y que la obligó a solicitar 300 millones a Ahumada, quien terminó en la cárcel después de haber sido detenido en La Habana y extraditado a México por las denuncias y a petición del Jefe de Gobierno. El periodista Ciro Gómez Leyva escribió una columna que tituló: El preso político de López Obrador.

EL DESACATO Y EL DESAFUERO

Aunque poco conocido el tema, el origen del desafuero de Andrés Manuel López Obrador no correspondió a una acción emprendida por su gobierno sino de su antecesora, Rosario Robles Berlanga.

De acuerdo con informaciones registradas en las indagatorias, el gobierno capitalino expropió parte del predio El Encino el 9 de noviembre de 2000. (26 días antes de terminar el gobierno de Robles), para construir una ampliación a las avenidas Vasco de Quiroga y Carlos Graef Fernández, que facilitaría el acceso al hospital ABC y a la Unidad Cuajimalpa (UAM-C) de la Universidad Autónoma Metropolitana.

Debido a la demanda presentada por el propietario, Federico Escobedo en 2001, un juez federal ordenó suspender las obras. Cinco meses después, el afectado denunció que la construcción continuaba.

Después de tres años de litigio y en los cuales el secretario de gobierno, José Agustín Ortiz Pinchetti afirmaba que personalmente ordenó suspender las obras, el 7 de abril de 2005 la Cámara de Diputados aprobó retirar el fuero a López Obrador con una votación de 360 votos a favor (del PRI y del PAN), 127 en contra (PRD, Convergencia, PT) y dos abstenciones, una de ellas de la legisladora panista Tatiana Clouthier, hija de quien fuera candidato a la presidencia por el PAN en 1988, Manuel Clouthier.

Aunque Gabriela Cuevas y Jorge Lara “pagaron la fianza” fijada por el juez (2 mil pesos), la defensa del imputado la rechazó porque el político tabasqueño no estaba privado de su libertad.

urante el periodo de 2000-2006, la Ciudad de México estreno su Segundo Piso. Una obra dirigida y supervisada no por el titular del ramo, sino por la secretaria del MedioAmbiente, Claudia Sheinbaum. El costo de la nueva vialidad se ocultó y quedó sellada la información hasta por 12 años. Hoy aún no se conoce a ciencia cierta cuánto se pagó. El escándalo alcanzó solamente a dos funcionarios: al Jefe de Gobierno y a su compañera de gabinete.

El otro gran evento de López Obrador fue participar en la elección presidencial y… ¡perder por 243 mil 934 votos! El 0.65% de los sufragios emitidos.

No aceptó la derrota y tomó Reforma, Juárez, Madero, 5 de Mayo y el ¡Zócalo! por 46 días y el 20 de noviembre juramentó como el “presidente legítimo”.

La elección la ganó Felipe Calderón “haiga sido como haga sido” y gobernó los siguientes tres años. López Obrador y muchos mexicanos estuvieron de acuerdo en que quien se sentó en la silla del águila no era ni con mucho el Presidente legítimo.

DE LA DORADA A LA DE COBRE

Para el sexenio 2006-2012, las cosas no resultaron como el Jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard Casaubón había planeado.

Tenía fija su meta: ser el sucesor de Calderón.

Durante su gestión no cruzó saludo con el presidente sino hasta que fue elegido presidente de la Conferencia Nacional de Gobernadores (CONAGO) en los último seis meses de mandato.

Preparó el terreno para suceder a su jefe. Inició la “obra más importante del sexenio”: la Línea 12 del Metro a la que bautizó como la Línea Dorada.

Contra su voluntad y su quehacer político, Marcelo Ebrard invitó a Felipe Calderón a la inauguración de la costosa línea del Metro. Eran las postrimerías de su gobierno: 31 de octubre de 2012. Le faltaban 35 días de gestión.

El hombre que había sido protegido por López Obrador, con quien trabajó como secretario de Seguridad Pública, vivió el linchamiento de tres policías federales en Tláhuac y se vio obligado a renunciar para después regresar como responsable de la cartera de Desarrollo Social, también vivió la frustración de no ser el candidato del PRD a la Presidencia de la República.

Una encuesta que presuntamente había ganado, finalmente no se reconoció públicamente y su Jefe lo derrotó.

Hasta ahora es el único de los Jefes de Gobierno que han terminado el mandato de principio a fin. Cárdenas gobernó 2 años y un mes; López Obrador también el mismo lapso. A Miguel Ángel Mancera le faltaron 10 meses por cumplir.

Derrotado en la encuesta y sin margen legal para obtener una senaduría, Ebrard intentó ser diputado federal. El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación no le permitió el registro y acusó a Enrique Peña Nieto de haber impedido su candidatura.

Sin fuero y con el fracaso de sus delfines para sucederlo optó por el que trabajó a su lado como subprocurador y después como titular de la Procuraduría, Miguel Ángel Mancera. “Es el que le cuidará las espaldas”, decían sus allegados.

Sin embargo, pronto surgieron los problemas. Principalmente por el costo de la Línea 12, cuyo presupuesto original fue de 17 mil millones de pesos y terminó costando 42 mil, según cifras publicadas por la pasada administración.

Apenas había transcurrido el primer semestre de Mancera cuando el director del Metro, Joel Ortega, destapó el presunto quebranto al erario del Gobierno de la Ciudad de México.

La campaña fue despiadada. Se le acusó, además, de ser el propietario de las bicicletas que operan desde su administración.

Ebrard se autoexilió. Sin denuncia penal formal, sin investigaciones, las acusaciones se multiplicaron cuando la Línea fue cerrada por “fallas en las curvas que ponen en peligro a los usuarios”.

Durante dos años vivió en París. Después lo hizo en Washington, en donde asesoró a Hillary Clinton durante la campaña presidencial de 2016.

Conocida la derrota de Clinton y el triunfo de Donald Trump, el ahora canciller mexicano desapareció de los mapas políticos. En Estados Unidos se ignoró a qué se dedicaba. A México no venía ni de visita.

MANCERA Y LA EQUIVOCACIÓN

Miguel Ángel Mancera, el más votado de los gobernantes en las elecciones de 2012, construyó el andamiaje para llegar “fuerte” a 2018.

En la edificación de lo que sería su plataforma para convertirse en el candidato de las izquierdas a la Presidencia de la República, operó en el PRD sin ser militante y controló nominaciones a cargos de elección popular. En 2017 surgió un sorprendente anuncio: la alianza entre el PRD y el PAN con el MC de aliado.

Mancera sostenía que el futuro político de México sería el de gobiernos de coalición, ante la práctica imposibilidad de que un solo partido lograra terminar con los gobiernos divididos, iniciados en 1997, cuando el PRI perdió a mayoría en la Cámara de Diputados.

Una alianza con los adversarios históricos que fue criticada por tirios y troyanos y que al final de la jornada fracasó, hizo que Mancera buscara refugiarse en el Senado al que arribó como congresista de la lista de PAN pero se convirtió en el coordinador parlamentario del reducido grupo del PRD.

Calificado como el hombre que entregó “la plaza”, la Ciudad de México que gobernó el PRD desde 1997, el exjefe de Gobierno no encontró espacios en donde moverse. El fracaso de la coalición Por México al Frente acabó con la fuente de poder primigenia del PRD: la capital del país. En las elecciones para la Jefatura de Gobierno, la abanderada de la alianza, Alejandra Barrales fue superada ampliamente por la actual gobernante, Claudia Sheinbaum.

El nuevo gobierno capitalino ha denunciado desviaciones de recursos, asignaciones directas, daño al medio ambiente, protección a inmobiliarias, concesiones de transporte público no apegadas a las regulaciones; no se pasa por alto la ampliación de parquímetros, las fotomultas y haber permitido el crecimiento desordenado del comercio ambulante y que la Central de Abasto haya operado en total opacidad.

Son solamente algunas de las acusaciones y otras, como el Médico en Tu Casa, el mal manejo del sistema de aguas, la corrupción en las corporaciones policíacas y de maquillar las cifras de seguridad, como lo advirtió la procuradora Ernestina Godoy.

UNA HISTORIA COMPLICADA

Buscar Jefe(a) de Gobierno de la Ciudad de México genera historias complicadas. Ninguno de los que hasta ahora han ocupado el cargo se ha salvado.

El único que conquistó la Presidencia, también sufrió en carne viva el acoso del poder público.

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