Reporte de la Frontera Norte

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La Falaz Ayuda a los Migrantes

Han vivido entre nosotros. El flujo de migrantes, provenientes de todo el mundo, ha sido noticia cíclica y constante en los medios informativos fronterizos. La repuesta oficial, religiosa y asistencial es la misma: nula… cuando se otorga el apoyo humanitario es de mala gana, medrando con ellos y utilizando el tema para obtener recursos de los gobiernos o de instituciones internacionales.

 

En Ciudad Juárez se ha abusado siempre de los migrantes. La policía mexicana, los agentes norteamericanos conocidos como ‘migras’ los matan ante cualquier insinuación de agresión, hasta porque les avientan piedras.

Y en el extremo del abuso policial, se han documentado casos de mujeres y niños violados en celdas oficiales; en el centro de Ciudad Juárez los migrantes son asaltados por la policía y asediados por el crimen organizado, cuyos miembros tienen concesionado el tráfico de personas a los Estados Unidos.

Bajo la promesa de cruzarlos al otro lado, los criminales secuestran a los migrantes, les cobran sumas estratosféricas por el servicio y, cuando las cosas salen mal, los matan, (“desaparecen”, según el argot criminal).

En Juárez los migrantes no valen nada. No hay instituciones que realmente apoyen a estos grupos sociales, que les brinden el apoyo humanitario o que emprendan una defensa cuando son agredidos o asesinados.

Los crímenes se resuelven según el estatus social. Por ejemplo, el martes 1 de diciembre de 2015, un juez de Chihuahua dictó sentencia en el caso del asesinato de la joven holandesa, Hester van Nierop, ocurrido en 1998. El sospechoso Roberto Flores fue condenado a una pena de 35 años de cárcel.

El juzgado considera probado que Roberto Flores es culpable del asesinato de Hester. Fue decisivo en el juicio la declaración de un testigo principal.

En septiembre de 1998, la arquitecta holandesa Hester van Nierop, quien viajaba de México a Estados Unidos, fue encontrada muerta en una habitación de un hotel en Ciudad Juárez. Había sido violada y asesinada. La perseverancia de los padres de Hester llevaron a la detención del sospechoso.

CENTROAMERICANOS Y SUDAMERICANOS

No hay mucho que agregar a la condición de ciudad, al comportamiento de una sociedad como la nuestra que se queja del mal trato en los Estrados Unidos y se aprovecha de los migrantes de países centroamericanos y sudamericanos.

La ciudadanía los desprecia, los considera como personas del tercer mundo, una lacra; los discrimina por su aspecto físico. La iglesia católica los ha utilizado como un ‘modus vivendi’ en el emblemático refugio conocido como la Casa del Migrante que recibe anualmente millones de pesos como apoyo a sus servicios.

A su vez, la iglesia evangélica les habla de Cristo, ora por ellos, pero no ha creado los espacios para atenderlos, su aportación es mínima y relegada a una simple posición que calma la conciencia del cristiano, pero en los hechos, no atiende la necesidad del migrante.

Están en las calles de la ciudad, la mayoría de las veces sufriendo la penada explotación laboral; para sobrevivir se convierten en pedigüeños que viven en casas inmundas o en la vía pública; y la ocasión se presta para que niñas como Nohemí Álvarez Quillay, de Ecuador, de 12 años, aparezcan muertas bajo la sospecha del suicidio o el asesinato.

Nohemí estaba bajo el cuidado de la PGR en un albergue cristiano de ciudad Juárez. Nadie la cuidaba, nadie la atendía sicológicamente y la PGR la asediaba con preguntas exigentes para intentar descubrir quién era el pollero que la trajo a Juárez con el fin de detenerlo, extorsionarlo y dejarlo ir, como finalmente ocurrió.

El hecho cimbró a Juárez en el 2014. Luego en el 2019, la opinión pública se volvió a conmover. Celeste Irene Monterroso Reyes, de 24 años, con ocho meses de gestación, y su hijo José Antonio Herrera Monterroso, de cinco años, esperaban en Ciudad Juárez el asilo político en Estados Unidos. Murieron aplastados por un vehículo en una fría madrugada del mes de enero.

EL TIEMPO DE LAS GRANDES CARAVANAS

El tema de los migrantes cobró vida por el flujo migratorio en grandes caravanas, cuyo origen es incierto, pero creemos que la gran mayoría de esos hombres, mujeres y niños son hondureños y de los otros miserables países de Centroamérica.

La ubicación geográfica de Ciudad Juárez, frontera con Estados Unidos, ha sido el imán para que miles, quizá ya millones, de ciudadanos de países sudamericanos, asiáticos, europeos y centroamericanos, utilicen la plataforma fronteriza para buscar el sueño americano y, en muchas ocasiones, el sueño mexicano.

Ciudad Juárez tiene una amplia concentración de población flotante. Todos los sectores, el productivo, el académico, el de la construcción, el mismo crimen organizado y hasta los encargados de la diversión, están abastecidos de la mano extranjera.

Los migrantes pobres crean su propio espacio en la ciudad, en lugares desfavorecidos que conducen a crear verdaderos agujeros negros en la estructura social humana, en los que se refuerzan mutuamente la pobreza, el deterioro de la vivienda y los servicios urbanos, la criminalidad y la degradación ambiental.

En Ciudad Juárez se sufre mucho de la inseguridad pública, del clima de tensión y de miedo que se vive en nuestro entorno, es el tema tan sonado de los múltiples asesinatos a mujeres trabajadoras de las maquilas, que ya suman más de 400 muertes desde hace diez años y que hasta la fecha se siguen presentando semejantes crímenes.

El crecimiento de la población en Ciudad Juárez fue notable en la década de los 90’s, la frontera tenía una población aproximada de 700 mil habitantes, hoy en día la ciudad cuenta con aproximadamente 1 millón 300 mil habitantes. En su estructura social conviven permanentemente sudamericanos de Ecuador, Chile, Argentina, Colombia, así como de países de Centroamérica tales como: Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua.

MUJERES ASESINADAS A LAS FOSAS COMUNES

Una gran cantidad de mujeres han sido asesinadas en esta frontera, muchas de ellas no identificadas. Sus cuerpos yacen en los panteones municipales desde hace muchos años, en las ya clásicas fosas comunes.

Muchos de esos casos se tipifican como feminicidios no resueltos porque se trata de personas que llegaron a esta frontera a través de un flujo migratorio anónimo y muy peligroso para ciertos segmentos de la población.

La madrugada del 10 de diciembre de 1990, el sacerdote católico Guillermo Madrigal Arias, de 46 años de edad, fue asesinado a puñaladas junto con el matrimonio formado por Rigoberto Betancourt Bejarano y Lilia Sánchez de Betancourt, de 26 y 25 años de edad.

El asesino era un guatemalteco que aún se encuentra en la cárcel, no obstante las atenuantes y las pruebas periciales. La Comisión Nacional de Derechos Humanos estableció que el asesino estaba preso por ser pobre y sudamericano y no por su responsabilidad.

En el año 2000, bajo la promoción de los cárteles de la droga, cientos de mujeres venezolanas y colombianas llegaron a esta frontera a trabajar en los ‘table dance’. Prestaban sus servicios sin más papeles que el billete verde que recibían los agentes del Instituto Nacional de Migración, las policías locales y las oficinas de Comercio municipal y Gobernación estatal.

Ciudad Juárez, la gran frontera de México, es también el centro de recepción de migrantes más cruel y falaz, como no ocurre en otros países del mundo.